jueves, 21 de enero de 2016

Presentación en Morella. Ajuntament.


Este es un libro contra el centralismo.

Es, además, un libro hecho desde la periferia. Yo soy de Vigo, mi hija es medio Morellana por parte de madre, y por eso estoy aquí ahora, dando esta charla, y mi editor, Enrique Murillo, es de Barcelona.

O sea, que es un libro, lo digo ya, para que no haya luego malos entendidos, escrito desde el prejuicio. El prejuicio de la periferia contra Madrid. Porque este es un libro contra el centralismo de Madrid. Contra su política centralista y centralizadora, una estructura de país que nos ha salido carísima a los españoles, y que está en el origen de muchos de nuestros grandes fracasos históricos como nación.

Yo esto no lo dije nunca antes, pero a mí Madrid me recuerda un bigote. Uno se acostumbra a una cara con bigote y ya está, ni lo ve. Parece que ha estado ahí siempre. Que es consustancial a la cara.
En principio, el centralismo, como forma de gobierno, pudiera parecer ni bueno ni malo. Como llevar o no bigote. Hay quien está más guapo con bigote y quien más feo. Y luego hay modas. Lo que ocurre, es que el bigote puede servir para esconder otras cosas, o incluso para mostrarlas. Por ejemplo. Cuando gobernaba Sadam Hussein en Irak, todos los hombres llevaban el mismo bigote que Saddam. Supongo que muchos iraquíes ni se daban cuenta, aunque visto desde fuera era una cosa ridícula. ¿Para qué servía aquel bigote? Pues para mostrar la adhesión al régimen.

Lo que yo quería mostrar al escribir en el libro, es que este bigote madrileño es un mostacho que le queda mal a España, Que no le pega, vamos. Y que es un mostacho, como el de los iraquíes, exagerado, ridículo, impropio.

Por ejemplo, el único canal de experimentación hidrodinámica para cascos de barcos de España está en Madrid, a 500 km de cualquier astillero, a 500 km del mar. La sede del Instituto Español de Oceanografía está en Madrid. Cuando visité la web, resulta que me encontré con que además del director, el subdirector, y la secretaria general el centro empleaba a treinta científicos, de los cuales catorce se dedican a gestión y el resto a estudios oceanográficos y pesqueros de la plataforma continental, la pesca de túnicos, etc.

Cada país es diferente. Cada uno tiene su propia historia y circunstancias. Y en España, desde el siglo XVII, el crecimiento natural de la población y económico ha sido periférico. Las dos cosas, población y economía, van de la mano. Es una tendencia de siglos y acelerada. Hoy, más de la mitad de la población española vive en la franja litoral, a menos de 50 km de la costa. Y sin embargo, la mayor ciudad de España, con enorme diferencia, es Madrid. La isla de Madrid. El bigote.

Y lo único que hay en Madrid, para explicar su grandeza y poderío, es la capitalidad. Eso es todo. Madrid es una capital extraña, artificial, elegida por capricho de un rey, Felipe II, y cuyo mantenimiento cuesta y ha costado muchísimo a los españoles.

En momentos de crisis y depresión económica, como al actual, o tras la guerra civil, o en la crisis castellana del siglo XVII, la periferia ha enviado rentas hacia Madrid para sostener a la corte y capital, agudizando la miseria de la periferia. Algunos déficits crónicos de España, como el déficit exterior, o la inflación crónica de España tienen su origen en los años 20 del siglo pasado, en la dictadura de Primo de Rivera, cuando desde Madrid se inició una política de nacionalismo económico que fue, en realidad, una madrileñización de la economía. Vía Decreto Ley, como ahora, se creó una especie de Estado Mayor de la economía española, y se establecieron monopolios como Telefónica, Repsol, o Iberia, empresas antes madrileñas que españolas, como se vio con Endesa, siempre dispuestas a emplear a ministros salientes y amigos del poder. Otra característica distintiva de la economía española que tiene su origen en estos años y que también estamos pagando es nuestra elevada bancarización, es decir, lo mucho que depende de la banca nuestra economía de unos pocos bancos de Madrid, en realidad.

Estos son, en breve, algunos de los perjuicios que nos causa el bigote madrileño. Nos ha causado otros daños políticos y sociales. He intentado describirlos en el libro. Como el bigote de Sadam, muchos españoles llevan puesto este bigote y lo dan por bueno. Como si fuera lo normal. Por ejemplo, Madrid se ha reproducido en las diecisiete autonomías, cada una con su pequeña capital y sus privilegios a imagen y semejanza de la grande.

Para acabar diré que, a mi modo de ver, hay una idea sencilla y maligna detrás del bigote, de este bigote en particular, que es la que encuentro más perniciosa y dañina para la sociedad. Es la idea que si llevas el bigote oficial, el bigote gubernamental, si eres complaciente con el poder, te irá mejor que a tu vecino. Ahí está, a mi modo de ver, la mayor pobreza y el mayor peligro.

Muchas gracias. Moltes grasies.  


Morella, 17/08/2013

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