Este es un libro
contra el centralismo.
Es, además, un
libro hecho desde la periferia. Yo soy de Vigo, mi hija es medio
Morellana por parte de madre, y por eso estoy aquí ahora, dando esta
charla, y mi editor, Enrique Murillo, es de Barcelona.
O sea, que es un
libro, lo digo ya, para que no haya luego malos entendidos, escrito
desde el prejuicio. El prejuicio de la periferia contra Madrid.
Porque este es un libro contra el centralismo de Madrid. Contra su
política centralista y centralizadora, una estructura de país que
nos ha salido carísima a los españoles, y que está en el origen de
muchos de nuestros grandes fracasos históricos como nación.
Yo esto no lo dije
nunca antes, pero a mí Madrid me recuerda un bigote. Uno se
acostumbra a una cara con bigote y ya está, ni lo ve. Parece que ha
estado ahí siempre. Que es consustancial a la cara.
En principio, el
centralismo, como forma de gobierno, pudiera parecer ni bueno ni
malo. Como llevar o no bigote. Hay quien está más guapo con bigote
y quien más feo. Y luego hay modas. Lo que ocurre, es que el bigote
puede servir para esconder otras cosas, o incluso para mostrarlas.
Por ejemplo. Cuando gobernaba Sadam Hussein en Irak, todos los
hombres llevaban el mismo bigote que Saddam. Supongo que muchos
iraquíes ni se daban cuenta, aunque visto desde fuera era una cosa
ridícula. ¿Para qué servía aquel bigote? Pues para mostrar la
adhesión al régimen.
Lo que yo quería
mostrar al escribir en el libro, es que este bigote madrileño es un
mostacho que le queda mal a España, Que no le pega, vamos. Y que es
un mostacho, como el de los iraquíes, exagerado, ridículo,
impropio.
Por ejemplo, el
único canal de experimentación hidrodinámica para cascos de barcos
de España está en Madrid, a 500 km de cualquier astillero, a 500 km
del mar. La sede del Instituto Español de Oceanografía está en
Madrid. Cuando visité la web, resulta que me encontré con que
además del director, el subdirector, y la secretaria general el
centro empleaba a treinta científicos, de los cuales catorce se
dedican a gestión y el resto a estudios oceanográficos y pesqueros
de la plataforma continental, la pesca de túnicos, etc.
Cada país es
diferente. Cada uno tiene su propia historia y circunstancias. Y en
España, desde el siglo XVII, el crecimiento natural de la población
y económico ha sido periférico. Las dos cosas, población y
economía, van de la mano. Es una tendencia de siglos y acelerada.
Hoy, más de la mitad de la población española vive en la franja
litoral, a menos de 50 km de la costa. Y sin embargo, la mayor ciudad
de España, con enorme diferencia, es Madrid. La isla de Madrid. El
bigote.
Y lo único que hay
en Madrid, para explicar su grandeza y poderío, es la capitalidad.
Eso es todo. Madrid es una capital extraña, artificial, elegida por
capricho de un rey, Felipe II, y cuyo mantenimiento cuesta y ha
costado muchísimo a los españoles.
En momentos de crisis y depresión económica, como al actual, o tras
la guerra civil, o en la crisis castellana del siglo XVII, la
periferia ha enviado rentas hacia Madrid para sostener a la corte y
capital, agudizando la miseria de la periferia. Algunos déficits
crónicos de España, como el déficit exterior, o la inflación
crónica de España tienen su origen en los años 20 del siglo
pasado, en la dictadura de Primo de Rivera, cuando desde Madrid se
inició una política de nacionalismo económico que fue, en
realidad, una madrileñización de la economía. Vía Decreto Ley,
como ahora, se creó una especie de Estado Mayor de la economía
española, y se establecieron monopolios como Telefónica, Repsol, o
Iberia, empresas antes madrileñas que españolas, como se vio con
Endesa, siempre dispuestas a emplear a ministros salientes y amigos
del poder. Otra característica distintiva de la economía española
que tiene su origen en estos años y que también estamos pagando es
nuestra elevada bancarización, es decir, lo mucho que depende de la
banca nuestra economía de unos pocos bancos de Madrid, en realidad.
Estos son, en breve,
algunos de los perjuicios que nos causa el bigote madrileño. Nos ha
causado otros daños políticos y sociales. He intentado describirlos
en el libro. Como el bigote de Sadam, muchos españoles llevan puesto
este bigote y lo dan por bueno. Como si fuera lo normal. Por ejemplo,
Madrid se ha reproducido en las diecisiete autonomías, cada una con
su pequeña capital y sus privilegios a imagen y semejanza de la
grande.
Para acabar diré
que, a mi modo de ver, hay una idea sencilla y maligna detrás del
bigote, de este bigote en particular, que es la que encuentro más
perniciosa y dañina para la sociedad. Es la idea que si llevas el
bigote oficial, el bigote gubernamental, si eres complaciente con el
poder, te irá mejor que a tu vecino. Ahí está, a mi modo de ver,
la mayor pobreza y el mayor peligro.
Muchas gracias. Moltes grasies.
Muchas gracias. Moltes grasies.
Morella, 17/08/2013

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